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Exposición en curso

Lugar: Museo Barbier-Mueller de Arte Precolombino

Precio: 3,50€ por persona consulta el tipo de entradas

Información y reservas: - 93 310 45 16

Zona andina

Imatges de Andes Para los pueblos andinos, el universo formaba una totalidad. Cada una de sus partes (es decir, naturaleza, animales, dioses y humanos) estaban interrelacionadas.

Cosmovisión y arte

Este fluir de energías se daba también entre el mundo de los vivos y de los muertos. Sus dioses, provenientes de la naturaleza, tenían un carácter dual: eran hombres y mujeres a la vez. Los opuestos se complementaban para establecer el equilibrio. En esta dualidad divina había cabida tanto para la creación como para la destrucción.

Hombres y mujeres entablaban diálogos con cada parte de la naturaleza para acercarse más al conocimiento de la esencia humana.

En la búsqueda de lo divino y lo sagrado nace el arte como vehículo para dialogar con los dioses.

El cosmos era tripartido; los Incas lo recuperaron y homogeneizaron las creencias andinas, dejando el universo vertical de la siguiente manera: el Hanan Pacha (mundo celeste), representado por el águila o el cóndor; el Kai Pacha (mundo terrestre), en el que está el puma o el jaguar; y el Ujku Pacha (inframundo), donde habita la serpiente.

Estos mundos se subdividían a su vez en una larga cadena de dimensiones que originaba otros mundos. Era en éstos en los que el sacerdote o chamán se movía. El chamán, durante los sueños o el trance, extraía la palabra de los dioses en un lenguaje simbólico, que desvelaba y también ocultaba el mensaje de las divinidades.

Era el vehículo de comunicación entre lo humano y lo divino; de allí su prestigio en la comunidad.

De los objetos utilizados como medio de expresión religiosa, destacan los metales, los textiles, las plumas de aves de la selva, las piedras, los minerales y el spondylus princeps.

Los tejidos y la cerámica acompañaban a los difuntos a sus tumbas. En casi toda el área andina se colocaba el muerto en posición fetal, para renacer en la nueva vida, y a su alrededor se colocaban los textiles.

El spondylus (bivalvo de concha roja) era considerado el manjar de los dioses y para obtenerlo se tenía que bucear en las aguas ecuatorianas.

Los metales, las piedras y los minerales eran sagrados, por ser obtenidos de las entrañas de la Pachamama o madre tierra.

De los metales, importaba su color, sonido, movimiento e iconografía. El movimiento se obtenía gracias a la técnica del laminado. En cuanto al color, jugaban con las aleaciones de metales y pintaban las superficies de las piezas. Finalmente, conseguían que tanto los metales como la cerámica reprodujeran los sonidos de la naturaleza.

Con la llegada de los conquistadores españoles, el mundo imaginado y creado durante milenios quedó suspendido en el tiempo, pero en la actualidad el pensamiento precolombino sigue vivo en las comunidades indígenas.

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¿Que queda hoy?

La fiesta del sol (Inti Raymi)

En la tradición andina existen cuatro festividades relacionadas con el ciclo del maíz, que corresponden temporalmente a los solsticios y los equinoccios. De estas cuatro celebraciones, la más importante durante el imperio inca fue Inti Raymi (fiesta del sol), en el solsticio de invierno.

Esta celebración tenía lugar cada 21 de junio, momento en el que el sol se encuentra en el punto más distante de los Andes. Para evitar que el dios supremo Wiracocha encarnado en el sol (Inti) se perdiera en la inmensidad del universo, Sapa Inca le imploraba desde Cusco. De esta forma, Inti volvía una vez más a acercarse a Tahuantinsuyu para fecundar la tierra y para que al pueblo no le faltara el alimento. De esta manera, se iniciaba el nuevo año solar.

Con la llegada de los conquistadores españoles, esta celebración se prohibió por considerarse pagana y contraria a la fe católica.

En 1944 algunos intelectuales peruanos recuperaron esta fiesta de la historia para el gran público, pero pasó a celebrarse el 24 de junio, coincidiendo con el día de San Juan.

En la actualidad es una escenificación teatral con carácter bastante festivo, pero no por ello deja de ser una forma de reivindicación del legado cultural indígena.

En la época de los Incas, la noche anterior se reunían los curacas procedentes de todo el imperio en la plaza Aucaypata de Cusco (actual plaza de Armas).

Se apagaba el fuego de todas las casas de Tahuantinsuyu y en la plaza de Cusco todos los asistentes esperaban en cuclillas y con los brazos abiertos la llegada del sol. Cuando aparecía, Sapa Inca brindaba con chicha en dos vasos de oro. Vertía el vaso de su mano derecha en honor al sol y del vaso de su izquierda se tomaba un trago y lo repartía entre los demás Incas. Después se encendía el fuego nuevo utilizando como espejo la pulsera de oro del sacerdote. Este fuego era llevado al Templo de Coricancha, donde los curacas entregaban sus ofrendas a Inti. Después regresaban a la plaza para sacrificar animales y hacer los vaticinios.

En la actualidad se escenifican estos actos, pero con algunos cambios. El festejo empieza delante de Coricancha donde Sapa Inca, escogido en concurso, invoca al sol en quechua. Transportado en una litera por gentes venidas del antiguo territorio inca, se dirigen al Templo de Sacsayhuamán, donde esperan los espectadores para que empiece la ceremonia. Sapa Inca invoca al sol como antaño. Después vienen las danzas, la música y, como hacían antes las mujeres escogidas para servir al Inca, se reparte chicha y pan de maíz.

Carnaval de Oruro

Según la leyenda, Wari (el señor de los terremotos) era despertado cada mañana por Inti Wara (la aurora). Un día Wari intentó poseerla pero no lo consiguió, gracias a que el padre de ella (Inti) acudió a defenderla. Encolerizado, se vengó pervirtiendo a los pobladores de la región para que abandonasen el culto al sol y los trabajos de agricultura. Estos pobladores se consagraron en la minería y se hicieron apáticos y ariscos.

Inti Wara se acercó en forma de una bella ñusta y les hizo recuperar los ritos solares y les enseñó quechua.

Wari se vengó enviando una legión de hormigas, un sapo gigante, un lagarto monstruoso y una enorme serpiente. Inti Wara los venció, pero para poder huir de Wari se convertió en la Virgen del Socavón, patrona de los mineros.

Wari, vencido y humillado, habita hoy en las entrañas de la tierra, donde es señor de las riquezas del subsuelo.

Wari pasó a ser llamado Tío; bajo la influencia de los misioneros católicos, este semidios pasó a tener aspecto demoníaco. Se le representa con cuerpo medio humano medio animal y con un gran falo que simboliza su libidinosidad.

Para que Tío no se enfade y les prive de los minerales o cause accidentes dentro de la mina, los mineros le ofrenden alcohol, coca, incienso y le colocan cigarrillos encendidos en los labios.

Durante los días de Carnaval, los habitantes de Oruro (Bolivia), y en especial los mineros, realizan diferentes actos para honrar a Tío, la Virgen del Socavón, la Pachamama y los espíritus protectores de las montañas.

Entre las actividades que se realizan, hay peregrinaciones, entregas de ofrendas, bailes, comparsas, conciertos, etc. Uno de los actos es la wilancha, en la que se purifica la tierra con sangre de animal, especialmente de llama. El karaku es la comida comunitaria en la que no faltan las leyendas, el alcohol y la sagrada hoja (coca).

En los Andes, la coca es la base de la medicina tradicional indígena, pero también simboliza la comunicación con lo divino, lo cual la convierte en la mejor ofrenda para los dioses.